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Vivienda y seguridad jurídica: legislar deprisa también tiene consecuencias

Hace unos días tuve la oportunidad de asistir a unas jornadas profesionales del sector

inmobiliario en las que se habló, entre otras muchas cuestiones, de vivienda,

arrendamientos, mediación, seguridad jurídica y de los continuos cambios normativos

que estamos viviendo.

Durante la clausura, Paloma Martín Martín, presidenta de la Comisión de Vivienda y

Agenda Urbana del Senado, hizo una reflexión que me pareció especialmente

interesante y que me ha llevado a escribir este artículo.

Cuando un político adopta una medida legislativa, una de sus principales

responsabilidades debería ser analizar sus posibles consecuencias.

Parece una obviedad. Pero quizá convenga recordarla.

La vivienda es demasiado importante para legislarla con prisas

La vivienda no es una cuestión menor. El artículo 47 de nuestra Constitución reconoce

el derecho de todos los españoles a disfrutar de una vivienda digna y adecuada y

encomienda a los poderes públicos promover las condiciones necesarias para hacerlo

efectivo.

Al mismo tiempo, nuestra Constitución reconoce en su artículo 33 el derecho a la

propiedad privada.

Ambos forman parte de nuestro marco constitucional y cualquier política seria de

vivienda debe buscar un equilibrio entre ellos.

Precisamente por la enorme importancia social y económica de la vivienda, creo que

debemos preguntarnos si estamos utilizando siempre los instrumentos legislativos

más adecuados para regularla.

El artículo 86 de la Constitución establece que el Gobierno puede dictar decretos-leyes

“en caso de extraordinaria y urgente necesidad”.

Es decir, estamos ante un instrumento excepcional, concebido constitucionalmente

para responder a situaciones que requieren una actuación inmediata.

Y aquí está la cuestión que me preocupa.

Cuando utilizamos reiteradamente instrumentos de urgencia para introducir

modificaciones relevantes en materias estructurales como la vivienda, reducimos el

espacio para algo fundamental: analizar, debatir, escuchar, corregir y medir las

consecuencias de aquello que estamos legislando.


Una ley necesita tiempo para ser una buena ley

El procedimiento legislativo ordinario puede resultar más lento. Evidentemente.

Pero esa lentitud no siempre es un defecto.

Durante la tramitación parlamentaria de una ley existe la posibilidad de debatir su

contenido, presentar enmiendas, escuchar posiciones diferentes, corregir aspectos

técnicamente mejorables y alcanzar acuerdos.

Ese proceso puede parecer incómodo o excesivamente largo, pero cumple una función

esencial: intentar que la norma que finalmente llega al ciudadano sea lo más clara,

estable y segura posible.

Porque una ley no termina cuando se publica en el BOE.

Ahí es precisamente cuando empieza.

A partir de ese momento hay ciudadanos, familias, propietarios, inquilinos, empresas y

profesionales que tienen que tomar decisiones basándose en ella.

Y cada decisión legislativa tiene consecuencias.

Hoy entra en vigor. Mañana deja de estarlo.

En las últimas semanas hemos vuelto a comprobar hasta qué punto esta forma de

legislar puede generar incertidumbre.

Se aprueban mediante real decreto-ley medidas que afectan directamente al mercado

de la vivienda. Se publican. Entran en vigor.

Los ciudadanos y los profesionales comenzamos a estudiar cómo debemos aplicarlas.

Y poco después el Congreso de los Diputados no las convalida.

La norma desaparece.

Independientemente de que estemos de acuerdo o no con el contenido concreto de

esas medidas, creo que deberíamos preguntarnos si esta dinámica es razonable para

regular un sector tan importante.


No es una cuestión de izquierda ni de derecha.

Es una cuestión de responsabilidad legislativa y seguridad jurídica.

La vivienda necesita políticas estables y normas que hayan sido suficientemente

estudiadas antes de llegar al ciudadano.

¿Qué ocurre cuando las reglas cambian constantemente?

Quienes trabajamos diariamente en el mercado inmobiliario vemos algo que desde un

despacho quizá sea más difícil apreciar: cuando las reglas cambian continuamente, las

personas empiezan a desconfiar.

Un propietario duda sobre si alquilar. Un inversor aplaza una decisión. Un comprador

no sabe qué normativa encontrará dentro de unos meses. Un profesional tiene que

explicar hoy una norma que quizá mañana ya no exista.

Y todo eso acaba trasladándose al mercado.

Por eso considero que antes de aprobar cualquier medida en materia de vivienda

deberíamos hacernos una pregunta muy sencilla:

¿Hemos estudiado suficientemente qué consecuencias puede producir?

No solamente qué problema queremos solucionar, sino qué nuevos problemas

podemos generar intentando solucionarlo.


España y la protección de la propiedad privada

Precisamente durante aquellas jornadas conocí un dato que me hizo reflexionar.

El Índice Internacional de Derechos de Propiedad 2024 sitúa a España en el puesto 22

entre los 37 países de la OCDE incluidos en el análisis en protección de los derechos

de propiedad.

El dato adquiere todavía más interés cuando observamos qué países aparecen en las

primeras posiciones.

Son economías como Finlandia, Dinamarca, Países Bajos, Luxemburgo, Suecia, Nueva

Zelanda, Australia, Noruega, Alemania o Suiza.

Países que, con modelos políticos y sociales diferentes entre sí, tienen algo importante

en común: instituciones sólidas y elevados niveles de protección de los derechos de

propiedad.

El propio análisis internacional muestra una asociación entre una mayor protección de

los derechos de propiedad y mejores indicadores de desarrollo económico.

Esto no significa que proteger la propiedad privada resuelva por sí solo los problemas

económicos de un país ni que exista una relación automática de causa y efecto.

Pero sí debería hacernos reflexionar.

Si los países con instituciones más sólidas trabajan para proporcionar seguridad

jurídica y proteger adecuadamente los derechos de propiedad, quizá España debería

preguntarse si introducir cada vez más incertidumbre sobre esos derechos es el

camino adecuado.


Proteger al inquilino no exige desproteger al propietario

Creo que aquí hemos cometido otro error importante en el debate sobre vivienda:

enfrentar intereses que necesariamente tienen que convivir.

Defender el derecho a una vivienda digna no significa estar contra el propietario.

Y defender la propiedad privada no significa estar contra el inquilino.

Necesitamos propietarios que quieran poner viviendas en alquiler. Necesitamos

inquilinos que puedan acceder a ellas en condiciones razonables. Necesitamos

inversión que aumente la oferta. Necesitamos vivienda pública. Necesitamos

seguridad jurídica.

Y, especialmente, necesitamos políticas que permanezcan el tiempo suficiente como

para poder comprobar si funcionan.

Porque difícilmente podremos solucionar un problema estructural modificando

continuamente sus reglas.


Legislar también es asumir responsabilidad

Llevo muchos años trabajando en el sector inmobiliario y he visto pasar distintas

etapas, gobiernos y regulaciones.

Por eso mi reflexión no pretende señalar a unas siglas políticas concretas.

Es mucho más sencilla.

Legislar es asumir una enorme responsabilidad.

Y cuanto más importante sea la materia sobre la que se legisla, mayor debería ser esa

responsabilidad.

La vivienda afecta al patrimonio de las familias, a los jóvenes que intentan

independizarse, a quienes necesitan alquilar, a quienes han invertido sus ahorros en

una propiedad y también al funcionamiento de una parte importantísima de nuestra

economía.

Una materia así necesita reflexión, diálogo, análisis y estabilidad.

Los instrumentos constitucionales de extraordinaria y urgente necesidad existen y son

necesarios cuando concurren esas circunstancias.

Pero convertir la urgencia en la forma habitual de abordar problemas estructurales

merece, como mínimo, una reflexión:


¿Y si parte del problema de la vivienda no estuviera solamente en las normas que aprobamos, sino también en como las aprobamos?

Quién soy y por qué nace este Blog
Una historia ligada al sector inmobiliario, las personas y sus historiasMás de 25 años en el sector inmobiliario de Granada, ayudando a personas a tomar mejores decisiones sobre sus viviendas, herencias y patrimonios.